UN PAJARITO CON SUERTE

En un día claro y ventoso de primavera, el viento agitaba las ramas de los arbustos y las aves aprovechaban para jugar con él, planeando y dejándose llevar de un lado a otro. A los lados del barranco se levantaban pequeñas casas ya gastadas por el tiempo y un poco castigadas por ese viento caprichoso.
Una de estas casas estaba un poco azocada por otras dos un poco más altas, en las paredes de éstas había muchos agujeros que las pequeñas aves utilizaban para refugiarse del frío o la lluvia y también para anidar.
Uno de estos días Macu, la dueña de esa casa, quiso contemplar las vistas tan agradables que se divisaban desde la azotea y subió con su pequeña mascota, un perro peludo y travieso llamado Lolo. Cuando ambos estaban acomodados y tranquilos, Lolo irguió sus orejas, fijó la vista en un rincón y empezó a ladrar. Macu pensó, ¡vaya ya se nos ha colado algún ratoncillo en casa!.
- ¡Vamos Lolo! échalo de aquí. Le dijo al perro.
Éste, esperando a que le dieran la salida, salió disparado y después de pelear con todos los trastos que había en la azotea, vino feliz y contento moviendo el rabo y con algo en la boca que le salía un poco por el otro lado.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Lolo ,suéltalo! ¡abre la boca enseguida!_ gritó Macu.
Lolo, asustado y sorprendido por el cambio de opinión de su dueña abrió la boca.
Cuando Macu vio lo que tenía, casi se muere de angustia. Lolo tenía en su boca a una pequeña cría de pájaro, muy asustada y llena de babas. Enseguida la cogió e intentó secarla y darle calor con sus manos.
El pajarito asustado no paraba de piar y de saltar de un lado al otro. Lolo pensando que era un juego corría detrás de él y Macu asustada y temiendo que Lolo lo cogiera o lo pisara corría a su vez detrás de él gritando.
El pajarito encontró un agujero detrás de una maceta y ahí se escondió atemorizado. Cuando el perro vio que ya nada se movía se tranquilizó moviendo aún su rabo deseando que el juego comenzara de nuevo.
Macu lo apartó a un lado y cogió aquella bolita de pellejo y pelusa e intentó tranquilizarlo acurrucándolo, pero el pajarito muy travieso, no paraba de piar y piar. Después miró hacia arriba para ver de dónde podía haber salido aquel saquito de huesos.
_”Vamos a ver, pequeño”_ le dijo Macu, _”o eres un atrevido que quiso volar antes de que te salieran las plumas, o eres tan bicho que te han echado del nido por malo. Y por las picadas que me estás dando, yo me inclino por lo segundo”_.
-”Bueno, y ahora ¿qué hago contigo?”_ Le dijo.
Lolo miraba y no dejaba de seguir de un lado a otro a Macu para que le dejara su “juguete”. Pensando que él lo había encontrado y no era justo que se lo quitasen.
Macu llevó a su pequeño invitado a casa e intentó acomodarlo en una caja de zapatos en la que puso un calcetín viejo enrollado a modo de nido, colocó una botella pequeña al lado con agua caliente y un pequeño despertador al otro lado. Colocó al pajarito en su “nido” y fue a la cocina a ver qué podía ofrecerle de comer. Calentó un poco de leche y le puso un poco de harina creando así una pasta y pensó si eso le gustaría.
Dudando, se acercó con una tacita y una cucharilla al salón, al acercarse vio que el pequeño se había enrollado y echó una bolita en el calcetín, acurrucadito se había quedado dormido al calor de la botella y con el sonido del tic tac del reloj.
Con mucho cuidado colocó la caja donde Lolo no lo cogiera y se puso con sus trabajos pendientes. Cuando se dio cuenta que habían pasado un par de horas y acordándose de su pequeño huésped, fue a verlo. El invitado se había despertado y se había paseado ya por toda la caja, a juzgar por sus necesidades. Al verla, se puso a agitar sus pequeñas alas desplumadas piando y abriendo su pequeño pico.
-”¡Caramba chico, mira que eres feo! _dijo Macu_a ver si te echaron de casa por eso”.
Macu cogió la tacita y metió la parte de atrás de la cuchara, cogió un poco de pasta y se la acercó al pajarito. Éste se lanzó como un loco hacia ella y empezó a engullir lo que le ofrecían, al cabo de cinco o seis cucharaditas cuando quedó satisfecho se dedicó a picar como un loco la cuchara.
-”¡Oye mira que eres atravesado, te voy a tener que devolver a la azotea como sigas así, mal agradecido!”-
El pajarito, cuando vio que le gritaban, soltó la cuchara, dejó de piar y picar. Macu lo dejó y siguió con sus cosas. Pero al cabo de un par de horas, oyó de nuevo al inquilino que reclamaba su comida.
_”Ahora entiendo por qué te echaron del nido, eres muy exigente y desesperado”_.
Como Macu no podía trabajar y seguir el ritmo que le marcaba el pajarito, optó por darlo en adopción. Lo llevó a casa de su hermana, una chica a la que le gustan mucho los animales y que tiene varios en su casa. Ésta al verlo se puso loca de contenta.
_”Come como una fiera, cada dos horas, no para de piar y de picar, no sé qué hacer con él”_. Le dijo Macu.
_”No te preocupes_ le dijo su hermana_ yo me ocuparé de él”.
El tiempo fue pasando, pasaron los meses y el pajarillo fue creciendo, pero seguía igual de brutito, además, apenas tenía plumas.
-”Mira que es feíto, ¿cuándo le irán a salir las plumas? y…qué será, ¿macho o hembra? “_le decían.
Con el tiempo, que resultó bastante, al pajarito le salieron todas sus plumas y resultó ser un gorrioncillo macho con sus plumas marrones y negras muy bonitas, se acostumbró a comer de la mano de su familia y cuando no le daban se servía él solo, comía de todo o por lo menos todo lo probable y le picaba la boca cuando estaba sentada en el sillón comiendo pan.
Ahora vive en la cocina en una jaula que siempre está abierta y de la que entra y sale cuando quiere, si ve un plato en la mesa se acerca, se sube al borde y prueba; si le gusta lo que hay, no deja que nadie se acerque moviendo las alas y picando como un loco.
Frosky, que es como se llama, tiene como amiguitos a una canaria amarilla que se llama Rubí a la que trata de conquistar y como es tan poco delicado no le hace ningún caso; y a un canario color azafrán que se llama Pipi que parece que se ha ganado el corazón de Rubí. Creo que Frosky o mejora sus modales o va a tener que esperar que otra pajarita caiga de su nido o le echen de él para que pueda formar una familia propia.
Mientras tanto, anda deambulando por la cocina de hombros a mesa y de mesa a jaula. Aceptando los mimos y cariños que le damos. Los tres juntos, juegan volando en la cocina y el salón. Y cuando se nos queda alguna ventana abierta sale, pero vuelve a entrar asustado de ver tanto espacio abierto.
Cualquier día, termina siendo la merienda de Michi (nuestra gatita) que intenta cogerle desprevenido cada vez que lo ve en el borde de la mesa e intenta echarle la zarpa, pero siempre sale con el rabo entre las patas por el picotazo que le pega. O si no, va a terminar aplastado por Kia (nuestra perra) que se considera la primera en lo que se refiere a recibir mimos de todos los miembros de la casa y de los cuales Frosky la aleja colocado en los hombros.
Me pregunto cómo se le han de enseñar buenos modales y educación a un pajarito malcriado, y al que todos consienten y adoran. Hemos colgado en Internet en la parte de contactos un anuncio que dice:
“Frosky, hermoso gorrioncillo, de plumaje brillante y buen cuidado, gran “cantaor” cuando escucha música, busca pareja. A ser posible de la misma raza para formalizar relación y crear una familia en amplia cocina, con buenos vecinos y con mucha comida fácil al alcance del pico”.
“Pajaritas interesadas contestar a frosky@yahoo.es”.

Estamos esperando a que alguien conteste y que esa pajarita lo mantenga a raya y le enseñe buenos modales con cariño y amor.
NAIARA CHAFINO GALLARDO (3ºB)